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¿TE GUSTA QUE TE RESPETEN? EMPECEMOS POR RESPETAR

Por Norma Panelli | Columna de opinión para 360Noticias

¿TE GUSTA QUE TE RESPETEN? EMPECEMOS POR RESPETAR

Por Norma Panelli | Columna de opinión para 360Noticias

Vivimos quejándonos del caos en las calles, de la falta de empatía y de la pérdida de los códigos básicos de convivencia. Exigimos que se cumplan las leyes, reclamamos más seguridad y soñamos con una ciudad más ordenada. Pero ¿alguna vez nos detenemos a pensar cuánto aportamos, con nuestras propias acciones, para que eso suceda?

En el corazón de Campana, cruzar desde la vereda hacia la Plaza Eduardo Costa puede convertirse en una verdadera odisea. Nuestra ciudad tiene intersecciones complejas, diagonales y cruces donde confluyen hasta cinco bocacalles. En estos puntos de intenso tránsito, donde además faltan semáforos peatonales, las sendas pintadas sobre el asfalto parecen haber perdido su verdadero significado para algunos conductores.

La Ley Nacional de Tránsito establece la prioridad de paso del peatón en las situaciones previstas por la normativa. Sin embargo, no debería hacer falta una ley para comprender algo tan básico: quien camina también tiene derecho a transitar de manera segura.

Cuando un conductor acelera en lugar de frenar ante una senda peatonal, no está simplemente apurado. Está poniendo en riesgo a otra persona. Del otro lado puede haber una madre con un cochecito, un adulto mayor, un niño que sale de la escuela o cualquier vecino que solo intenta llegar a la otra vereda.

¿Tan difícil es detenerse unos segundos y permitir que alguien cruce?

La seguridad vial no depende únicamente de los controles, las multas o la presencia de inspectores. También se construye con pequeñas decisiones cotidianas, con la responsabilidad individual y con la capacidad de entender que el espacio público es de todos.

El problema aparece cuando creemos que nuestros apuros están por encima de los derechos de los demás. Cuando nos sentamos detrás de un volante y actuamos como si la calle nos perteneciera. Cuando reclamamos respeto, pero nos olvidamos de ofrecerlo.

Porque el respeto no puede ser una exigencia que solo hacemos hacia afuera. Tiene que empezar por nosotros mismos.

Frenar ante una senda peatonal lleva apenas unos segundos. No nos arruina el día, no cambia nuestros planes ni debería alterar nuestra rutina. Pero para quien espera cruzar una calle angosta, con vehículos que pasan sin detenerse, esos segundos pueden representar la diferencia entre sentirse seguro y vivir un momento de angustia.

Campana necesita calles más seguras, pero también necesita recuperar algo que no se consigue únicamente con obras o señalización: la empatía.

Necesitamos comprender que convivir implica reconocer al otro, respetar sus derechos y asumir que nuestras acciones tienen consecuencias. Que llegar unos segundos antes nunca puede ser más importante que la integridad de una persona.

Por eso, la próxima vez que lleguemos a una esquina y veamos a alguien esperando para cruzar, hagámonos una pregunta sencilla: ¿cómo nos gustaría que actuaran si quien está del otro lado fuéramos nosotros?

Es muy fácil pedir respeto. Lo verdaderamente importante es demostrarlo con hechos.

Si queremos una ciudad más justa, ordenada y amable, empecemos por lo más simple: levantar el pie del acelerador, frenar ante la senda peatonal y ceder el paso.

Porque el respeto no se reclama solamente. Se practica.

Y vos, ¿respetás al peatón como te gustaría que te respetaran a vos?


 

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