
Las personas mayores: invisibilidad y discriminación
Columna de opinion Por Ing. Norma Panelli
Antes que nada, quiero agradecer a Noticias 360 por brindarme este espacio. Es un verdadero privilegio poder interactuar y compartir reflexiones con mis coetáneos de Campana y Zárate a través de este portal.
Soy una adulta mayor de 68 años. Gozo de buena salud mental y de una bastante buena salud física. Debo decir que salgo poco (tipicidad de algunos escorpianos), pero en esas contadas ocasiones en las que piso la calle, me he topado con realidades que me han dejado pensando. No puede ser una simple casualidad estadística que, en apenas tres salidas, haya presenciado dos eventos alarmantes: una persona mayor cayendo de bruces detrás de mí sin poder siquiera poner las manos para defenderse, y otra persona deambulando en la oscuridad con evidentes fallas cognitivas.
Estas vivencias me llevaron a pensar en cómo se nos ve —o cómo no se nos ve— a los adultos mayores hoy en día. Quiero aclarar que esta columna no es una generalización absoluta, sino mi propia visión respaldada por organismos serios. Personalmente, no me siento discriminada en mi comunidad diaria. Ni en el gimnasio Dogs, ni en "Alma Animal" ni en la carnicería de Marquitos, ni en Bomberos, ni en los comercios del centro, ni con mi amiga y manicura Maricel. Allí soy simplemente Norma.
Sin embargo, la discriminación a veces entra por la puerta de tu propia casa. Me ha pasado, más de una vez, recibir a trabajadores que, sin ánimo de maldad, me tratan como "la vieja que no entiende nada". Las explicaciones técnicas o las preguntas se las dirigen automáticamente a mi pareja, ignorando por completo que tengo tres títulos universitarios y que trabajé 38 años en una refinería de petróleo.
Esta realidad que atravesamos los de la generación Baby Boomer tiene un nombre: edadismo. Es la discriminación por el simple hecho de acumular años. Lo terrible de este prejuicio es el trato despectivo y generalizado; es la creencia social de que nuestro cerebro dejó de funcionar el día que nos jubilamos. Eso sí, mágicamente volvemos a ser útiles y lúcidos cuando se necesita a alguien que cuide a los nietos o que resuelva múltiples tareas familiares.
Recuerdo a mi mamá, que era un verdadero cascabel lleno de vida. Cuando cumplió 60 años la vi abrumada. Le pregunté qué le pasaba y me respondió: "Ahora soy una sexagenaria". Me explicó que, en los noticieros, cuando alguien de su edad sufría un accidente, los periodistas ya no decían "murió una persona", sino "murió una sexagenaria". En ese momento no lo entendí del todo, pero cuánta razón tenía. Hoy en día, seguimos viendo a noteros de canales nacionales llamándonos "abuelitos". Es la forma más despreciable, disfrazada de cariño, para discriminarnos. Nos pintan como seres vulnerables, frágiles y limitados mentalmente. Señores: infórmense. La plasticidad cerebral no se frena en esta etapa de la vida.
Por eso, hoy quiero dejar algunos consejos dirigidos a los más jóvenes (ya dedicaré mi próxima columna a mis pares):
Tenemos historia: Si a veces contamos la misma anécdota varias veces, tengan paciencia. La parte frontal del cerebro (esa que funciona como filtro de lo que decimos) puede tener cambios, o simplemente olvidamos algunas cosas más rápido. Esas anécdotas de juventud son nuestro tesoro, y ustedes también las tendrán cuando lleguen a nuestra edad, o nos volvemos mas tercos.
Despeguen la vista del celular: Presten atención a su entorno. Fíjense cómo camina un "viejo". Recuerden que nuestras veredas en Campana suelen ser muy desparejas.
Ofrezcan ayuda, pero no la impongan: Si ven a alguien mayor, consulten con respeto si necesita ayuda para cruzar la calle o sortear un obstáculo. No todos los viejos la necesitamos, pero la empatía siempre es bienvenida. No se olviden que la vida no empezó cuando uds. nacieron.
Visibilidad y sonrisas, no lástima: Apreciamos profundamente una sonrisa y que nos hagan sentir visibles. No queremos limosnas ni estamos pidiendo mendrugos de amor. Somos libres y, gracias a Dios, la inmensa mayoría de nosotros tenemos todas nuestras facultades al día.
Asuman su responsabilidad familiar: A quienes tienen familiares mayores verdaderamente vulnerables: conversen con los médicos, busquen soluciones, involúcrense. Hoy por mí, mañana por ti. Les recuerdo que existen leyes muy claras sobre el "abandono de persona". Cuidar de los suyos no es solo un deber moral, es una responsabilidad civil.
Apelemos a un mayor respeto para TODOS, sin importar la fecha de nacimiento. Detrás de cada arruga y de cada cabello blanco, hay una vida entera de experiencia, conocimiento y dignidad que merece ser reconocida.