
Columna Pizzatti: Lo que el cine nos enseñó sobre los anteojos… y lo que hoy la óptica moderna ya superó
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Hay gestos que el cine convirtió en símbolos de poder: personajes que se sacan los anteojos con una sola mano, los hacen girar desde una patilla o miran por arriba del lente mientras hablan con autoridad. Son escenas elegantes, sofisticadas y muy instaladas culturalmente.
El problema es que muchos de esos hábitos, en la vida real, terminan desajustando el anteojo.
Sacarlo o colocarlo con una sola mano genera tensiones desparejas sobre el armazón. Con el tiempo aparecen desalineaciones, diferencias de altura entre las patillas, pérdida de centrado y molestias visuales que muchas veces el paciente describe con frases muy habituales en la óptica:
“Veo raro.”
“Me quedó torcido.”
“Se me cae de un lado.”
“O lo apoyo y baila.”
Y acá aparece algo importante: la receta no es todo.
El correcto funcionamiento de un anteojo depende también del centrado de los cristales frente a las pupilas, del tamaño del armazón, del puente y de cómo ese anteojo se adapta a la estructura fisionómica del rostro.
Pero además, el cine sigue mostrando muchos hábitos visuales propios de otra época.
Durante años, los anteojos para visión próxima estaban pensados principalmente para leer papel. Por eso era común mirar por arriba del anteojo para conversar o ver a media distancia.
Hoy la vida cambió. Pasamos horas frente a notebooks, celulares y pantallas digitales. Y justamente por eso la tecnología óptica evolucionó enormemente.
Actualmente existen lentes ocupacionales y multifocales diseñados para integrar distintas distancias de visión con mucho más confort y naturalidad.
La tecnología visual evolucionó.
Y detrás de un buen anteojo, hay mucho más que una receta.
Judith Pizzatti
Óptica PIZZATTI
40 años cuidando la salud visual de Campana.